Una pausa - A break

 



 A veces es momento de hacer pausa. Porque necesitas parar todo lo que te hace sentir preocupada, ansiosa, nerviosa, con miedo o triste. Incluso cuando todas esas sensaciones o sentimientos son normales y todos podemos tenerlos, es importante reconocerlos, saber la razón del porqué nos sentimos así. 


 Quería decir esto primero, porque cuando comenzó la pandemia me atacaron los nervios. Volvíamos de viaje y comenzaban a cerrar las fronteras de los países, pensaba en mi familia aquí, en España y en Venezuela. Luego pensé en cada uno de nuestros amigos en Italia, Estados Unidos y España, países que fueron muy afectados desde el comienzo, me invadían pensamientos negativos. 


 Mi mente empezó a trabajar doble, tenía que mantenerme ocupada para no entrar en ansiedad. Grababa videos diarios para compartir en mis stories, compartía recetas fáciles para la familia y además compartía todas las actividades que hacía con mis niños, para dar ideas a las mamis que se encontraban en la misma etapa que yo (nervios, ansiedad, estrés, miedo). 


 Pero al final del día estaba más ansiosa porque además de pensar en lo que estaba pasando en el mundo, también tenía que pensar con qué contenido podría ayudar a otros a sentirse mejor y dejaba casi de último cómo me estaba sintiendo yo y lo que le transmitía a mi familia.


 Me encontraba en un boomerang de emociones, hasta que me di cuenta que el estrés, los nervios y el miedo pueden llegar a enfermar a cualquiera, antes que el virus; que había abandonado a mi familia y a mi misma, emocionalmente, para ayudar a sentirse mejor a otros, que las redes sociales se habían convertido casi en una competencia (en la que no quería participar) y no en una herramienta de conexión social. 


 Y pare! Me detuve en seco. Mire a mi alrededor, donde y que quiero estar haciendo en este momento? - me pregunte -.


 Era fácil, quería ESTAR. Estar con mis niños al 100%, con mi familia, con mis amigas y amigos, aunque sólo fuese a través del teléfono. Así que estos 6 meses me he dedicado a estar con ellos. 


 Mis rutinas de ejercicios privadas a través de móviles y ordenadores fueron con mi madre y mi familia, mis clases de yoga con niños fueron con mis dos peques en el silencio de nuestro hogar, mis entrenamientos presenciales fueron mi momento a solas en el día y me conectaron con la fragilidad de mi ser, esa de la que siempre huyo para sentirme que puedo con todo lo que venga y con más. Cocine más, planté y disfrute de mi cosecha por primera vez. Limpié y vi mi jardín florecer por primera vez, camine por bosques, playas y lugares que nunca había conocido antes. Hice lo que me dio paz y felicidad en el momento.


 La pandemia nos ha afectado muchísimo y en muchas formas, pero también nos ha hecho abrir los ojos, conectarnos con nuestro ser y nuestro alrededor. Entender lo que es importante, lo que queremos, lo necesitamos o no, para ser felices. Hemos aprendido técnicas, habilidades, destrezas; hemos conocido parte que no conocíamos de nosotros mismos. Hemos amado más a nuestras familias, nuestros amigos, nuestros vecinos, nuestros colegas. Hemos apreciado lo que estuvo allí siempre pero ignoramos porque nuestros ojos siempre están ocupados. Para eso…


 …a veces es necesario hacer una pausa.


                                                                                                                                                        Con amor y calma, Anna.

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