Alergia Alimentaria Part I - Food Allergy Part I

Hola amig@s :)

 Hoy tengo un post personal, de como comenzó mi experiencia con la alergia alimentaria.

 Quiero contaros cómo estoy viviendo una de las etapas más duras de mi vida y más duras porque todavía no tengo el control y conocimientos de que hacer. Han sido dos semanas para asimilar información, de pruebas médicas, lecturas, miedo y tristeza, que aunque siempre intento ver el lado positivo de todo y tengo herramientas que me ayudan, soy un ser humano que siente igual que todos y siento tristeza, miedo o ansiedad.

 Hace quince días salimos a cenar en familia y escogimos sushi, como en muchas otras oportunidades. Nos acercamos a un restaurant cerca de casa y en vez de pedir para llevar como casi siempre hacemos, esta vez nos quedamos a comer en el lugar. Ordenamos varios platos para compartir, por lo que todos comimos igual (menos babyboy quien es intolerante al pescado). Al acabar la cena caminamos a casa y aunque no había comido mucho, sentía pesadez estomacal, casi como si hubiese comido un kilo de carne yo sola.

(La cena. Esa bendita manía de hacer fotos de la comida, me ha ayudado mucho en esta oportunidad)

 Llegamos a nuestro edificio y cuando subíamos en el ascensor, comencé a sentir presión en los oídos y algo de picor en la cabeza, lo comente con mi esposo y mi madre, pero ellos no sentían nada así que al entrar a casa fui al baño a revisar mi cara y estaba un poco rosácea, como cuando te sonrojas de vergüenza. Justo en el baño comenzaron unos retorcijones horrible en el abdomen y al intentar evacuar mi manos y mis pies comenzaron a ponerse rojos, sentía mi cabeza hincharse y el cosquilleo en todo el cuerpo. Corrí a la sala, busque mi chaqueta, le dije a mi madre y mi esposo que me iba al hospital porque me estaba sintiendo mal.

 Mi madre me acompaño al hospital para que papi y peque pudiesen estar juntos y tranquilos en casa, además mi madre es enfermera, lo que ayudaría a entender todo lo que pudiese pasar. Corrí hasta la farmacia más cercana de casa y compre una loratadina porque sabía que tenía una reacción alérgica, pero ya en la farmacia, no me podía mantener en pie y me senté en la entrada de la retorciéndome del dolor abdominal. Juro que el dolor era igual al de las contracciones de un parto, sentía que me desgarraba por dentro, no podía hablar y casi ni respirar.

 Tomamos un taxi hasta el centro clínico y en el taxi ya no aguantaba, me tumbe en las piernas de mi madre casi desmallada. Llegamos a la clínica y ya no podía caminar, el taxista y mi madre, me levantaron y justo al bajarme del taxi comencé a vomitar, recuerdo vomite dos veces y eso me dio fuerzas para caminar hasta la entrada de urgencias donde me registraron y me senté. Esperando que me atendieran, todo mi cuerpo comenzó a temblar, sentía escalofríos; ahora esta roja como un tomate y casi no podía abrir mis ojos, mi cuerpo cedía, no podía más. Entre a un cubículo donde tomaron mi tensión y mi temperatura corporal, todo indicaba que estaba en el rango normal de una persona que no tenía absolutamente nada, pero lo que sentía decía lo contrario. La doctora de guardia entro y al verme me mando a inyectar inmediatamente, corticoides y adrenalina son los fármacos que se usan habitualmente para anafilaxia y todo indicaba que era lo que me estaba sucediendo. 

 Después de que me colocaran la inyección, comencé a sentir mucho sueño y aunque tenía miedo de dormirme, porque siempre tememos a lo desconocido, a lo que pueda pasar si no estamos atentos; decidí que necesitaba cerrar completamente mis ojos y relajarme. Dormí por casi una hora y en segmentos de cinco minutos donde tenía pesadillas, me despertaba con taquicardia, desorientada, somnolienta. 

 Mi cuerpo comenzaba a reaccionar ahora el medicamento y bajaba la rojez de mi piel, dejaba de sentir cosquilleo en pies y manos, mi cuerpo ya no temblaba. 

 Tener a mi madre allí era un alivio y no porque mi esposo u otra persona no me habrían ayudado, sino porque tener a tu madre en momentos de terror sólo puede hacerte sentir mejor, las madres saben (sabemos) que los hijos necesitan de sus brazos, de palabras de calma y amor, las madres saben cuando acobijar a sus hijos y todo eso es irremplazable. 

 Pasada la una de la madrugada y con casi cinco horas dentro de la clínica, ya mi cuerpo se estabilizaba y me enviaban a casa. Antes de irme recibía una receta médica donde tendría que tomar corticoides y antihistamínico, por unos días y una jeringa de adrenalina auto inyectable, de por vida.

(Adrenalina, eso que no podrá faltar nunca en mi bolso)

 Volvía a casa, tomaba una ducha y me acostaba a dormir, con mi cabeza ahora hinchada pero de información que tendría que asimilar y aceptar. Ahora vendrían pruebas y resultados.

 Como este post se he ha hecho largo, os contaré más sobre los test médicos y resultados en un próximo escrito.

Sanando y con amor, Anna.

0 comments