Crónica de un parto programado 2

 Después de una semana intentando estar en calma, meditando, caminando y haciendo algunos ejercicios de relajación, llegamos al bendito lunes, porque literalmente fue bendito!

 Esa noche dormí menos horas y nos levantamos a eso de las 7, me duché, arreglé mi cabello, me coloqué un poquito de mascara y crema hidratante en el rostro. Era como si fuese a una cita, la cita a ciegas más importante de mi vida; estaba nerviosa, estaba feliz, quería estar perfecta mental y físicamente para conocer a ese que sería mi gran amor.

 Teníamos las maletas preparadas, tomamos todo lo necesario para el hospital y nos vimos con una sonrisa en nuestros rostros, había llegado el momento.

 Llegamos al hospital, nos registramos y nos dieron la habitación para dejar las cosas, llegó un botones, como de cualquier hotel se tratara y se llevo las maletas, nos indicó hacía donde teníamos que ir y ahora si sudábamos frío, los nervios eran mayores y solo queríamos reír a carcajadas!.

(Centro Médico Teknon, Barcelona)

 Pasamos al área de partos, a un cuartito donde nos cambiamos la ropa, quedamos desnudos y vulnerables, listos para recibir a nuestro mayor tesoro. Nos colocamos las batas, gorros y una especie de zapatos de hospital y pasamos a lo que sería la habitación de pre-parto, de aquí en adelante venía lo que no esperaba.


 Siempre me han aterrado las inyecciones, más que todo las agujas y en este día tan especial, no era una excepción; pues como la ley de Murphy a veces no falla, llegó mi comadrona (una señora de unos 70 años, con cara de pocos amigos) se presentó y me pidió el brazo para colocarme la vía, al introducir la aguja yo pensé que serían los mismos nervios que hacían que me doliera, pues no! Nunca llegó a tocar la vena y comenzó a ponerse roja toda el área, sacó la aguja y salió a buscar ayuda, a los 5 minutos llegó un enfermero más joven e intento el mismo procedimiento pero en la mano. El resultado de mi comadrona fue la mitad del brazo morado y con dolor, pppfff! mi único miedo ese día  ya era una realidad.

 Ya eran las 11 am y mi baby comenzaba a moverse sin parar, teníamos apetito! No habíamos desayunado porque había leído que no se debería comer antes de un parto y fue un error, SI era posible comer antes, más aún cuando no sería una cesárea. Muy tarde para comer así que me autorizaron sólo beber líquidos con algo de azúcar, así que Aquarius fue la opción, aunque yo lo que quería era un gran bocadillo de jamón!!!



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